Fácil de tocar, el único golpe sonoro es suficiente para lanzar la espiral del cuenco. Tienen una sonoridad más bien media/grave (octava 4 o 3), propicia para la relajación profunda. Elevan la tasa vibratoria rápidamente y su canto dura mucho tiempo. Además, su modo de coloración es inalterable con el tiempo.
Su pared es delgada, de ahí su calidad sonora y vibratoria, pero también alcanzan más rápidamente su límite de saturación, lo que requiere adaptar el juego del palo.